No soy menos gitana por estudiar; Así comenzaba una mañana de curso en sus primeros días, con esa frase tan arrolladora. Había salido arrastrada con fuerza y ganas de la garganta de una joven mujer gitana.

El silencio había ganado al cotidiano ruido que, de costumbre, imperaba en un aula llena de emoción y cosas por aprender.

Recuerdo que el primer día de clase había prohibido dos frases: “Soy tonta, porque no sé hacerlo” y “no valgo para nada”.

Dos sencillas frases que a lo largo de la historia del pueblo gitano habían hecho tanto daño —y mucho me temo, siguen haciéndolo—. No quería volver a escucharlas y a medida que avanzaban los días esas frases se convirtieron en susurros y los susurros en murmullos, hasta desaparecer.

Los comienzos no son fáciles y dan miedo; enfrentarse a la temible hoja en blanco de Word o manejar un ratón cuando estamos acostumbrados a lo táctil. Sin embargo, el último día, tras preguntar a mis alumnas cómo se habían sentido, me regalaron grandes frases como: “me he dado cuenta de que sí valgo”, “sé más cosas de informática de las que creía”, “voy a seguir formándome” y, sin duda la que más me ha gustado: “he crecido como persona.”

Si ya de por sí existe una acuciante brecha de género dentro de la comunidad gitana, en materia tecnológica se agrava. Gracias a programas como el de la EAPN se dota a población en riesgo de exclusión de mayores posibilidades.

Lo que para cualquier familia de clase media puede resultar como algo normal, para una familia gitana en riesgo de exclusión social y económica, puede suponer el avance significativo que lo cambie todo.

Mientras hacíamos feedback del curso en clase, una frase que se escuchó con fuerza en el aula fue: “me ha gustado estar en un grupo como éste, porque me ha ayudado a relacionarme y aprender a trabajar en equipo y saber que valgo”.

El conjunto de participantes de este primer grupo podía considerarse mayoritariamente joven, muy joven, a excepción de un par de eslabones, que superaban la media de edad. Fue esa variabilidad de perfiles y de maneras de ser, las que concedieron la oportunidad de ser ellas mismas con alguien con quien nunca pensaron que se relacionaría. Esto ha resultado ser muy beneficioso para ellas, ya que consideran que han crecido no solo en materia de competencias digitales, sino sociales.

Saber que no solo se crece de manera intelectual o formativa, con este tipo de formaciones, sino de una manera transversal, nos lleva a seguir trabajando más por el colectivo. Un colectivo que está rompiendo moldes.

No hay duda, se tilda a la comunidad gitana de machista, pero la realidad es que nuestras mujeres gitanas son feministas cada día, ya que son el eje y motor principal de la familia y el cambio, y cada vez más, poco a poco, buscan romper con las estructuras patriarcales y avanzar en pro del futuro. Un futuro que sin duda lleva su nombre enarbolado.

 

Autora; Victoria Ramos S.

Artículo referente al curso realizad por Fundación Secretariado Gitano en Talavera de la Reina (TO) celebrado del 22/03/2023 al 31/03/2023

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